¿Por qué las mujeres modernas niegan lo divino femenino?

Why Are Modern Women Denying the Divine Feminine?

El cambio cultural de la feminidad tóxica a la "feminidad negada" a la feminidad divina

"Una mujer sana se parece mucho a una loba: robusta, plena, con una fuerte fuerza vital, dadora de vida, consciente de su territorio, intuitiva y leal." — Clarissa Pinkola Estés

¿Alguna vez has sentido que el suelo se mueve bajo tus pies en tu relación, una sensación sutil pero persistente de que algo no anda bien pero no puedes definirlo? Tal vez tu pareja ha empezado a comentar que quiere que estés más en tu "energía femenina", o deseando que aproveches tu "feminidad divina". Y ahí estás tú, desconcertada, tal vez incluso un poco irritada porque, hola, eres una mujer, ¿no eres ya lo suficientemente femenina?

Sumerjámonos juntos en estas aguas turbias, ¿te parece?

Primero, comprende esto: ser mujer no significa automáticamente que estés en contacto o expresando tu feminidad divina. Como dice la experta en relaciones Alison Armstrong, "Estar en tu feminidad no tiene nada que ver con ser mujer. Tiene que ver con estar en un estado femenino". Se trata de energía, no de anatomía.

Entonces, ¿qué pasa cuando estamos desequilibradas?

Michaela Boehm, maestra de tantra y autora de "The Wild Woman's Way", observa un patrón común: "Muchas mujeres se han vuelto excesivamente masculinas en su enfoque de la vida y el amor. Han aprendido a tener éxito haciendo, logrando y haciendo que las cosas sucedan". ¿Te suena familiar? En nuestro afán por romper techos de cristal y demostrar nuestro valor en un mundo patriarcal, a menudo hemos tenido que armarnos con rasgos masculinos: dirección, asertividad, resolución de problemas.

Entonces, ¿por qué las mujeres modernas niegan lo Divino Femenino?

Hagamos una pausa aquí para analizar esto. ¿Por qué tantas de nosotras, a pesar de nuestras mejores intenciones, negamos nuestra feminidad divina? No es porque estemos rotas o tengamos defectos. Es una reacción, un mecanismo de supervivencia nacido de siglos de opresión y un camino equivocado hacia el empoderamiento.

Durante eones, la narrativa de la "mujer ideal" estuvo impregnada de lo que ahora reconocemos como feminidad tóxica: la idea de que, para ser dignas, debíamos ser abnegadas, recatadas y eternamente complacientes. Como dice la autora y maestra espiritual Marianne Williamson: "En cada comunidad, hay trabajo por hacer. En cada nación, hay heridas que sanar. En cada corazón, está el poder para hacerlo". Pero durante demasiado tiempo, se nos dijo que nuestro poder residía únicamente en nuestra capacidad de complacer, de nutrir a los demás a expensas de nosotras mismas.

En nuestra justa rebelión contra estas cadenas, muchas de nosotras nos inclinamos hacia el polo opuesto. Rechazamos todo lo que oliera a "ideal femenino" antiguo. Nos endurecimos, pensando que la vulnerabilidad era debilidad. Compensamos en exceso con hiperindependencia, confundiendo el aislamiento con la fuerza. Como señala la maestra espiritual Sera Beak: "Nos han enseñado que la forma de tener éxito es anular nuestros cuerpos, nuestros sentimientos, nuestra alma".

Esta fase de "feminidad negada" fue necesaria. Nos sacó de moldes tóxicos. Pero no es nuestro destino final. Es un puente, no un hogar.

La feminidad divina que ahora estamos llamadas a encarnar no es ni la sirvienta abnegada ni la reina guerrera aislada. Es una fuerza vibrante y fluida que baila con nuestro masculino interior en un tango sagrado de totalidad.

Y no hay nada inherentemente malo en cultivar rasgos masculinos. Estas son herramientas vitales. El problema surge cuando nos quedamos estancadas ahí, cuando nuestro masculino interior eclipsa nuestra esencia femenina. Como explica Madelyn Moon, entrenadora de polaridad e intimidad: "Cuando una mujer está en su masculino excesivo, está constantemente en su cabeza. Está pensando demasiado, planificando demasiado, tratando de controlar los resultados". Esta charla mental puede hacernos sentir desconectadas, agotadas, incapaces de relajarnos o recibir verdaderamente.

Cuando puedes bailar entre tus polos, te conviertes en una fuerza imparable de la naturaleza. (Crédito: Chelsi Peter / Pexels)

Tu pareja podría sentir este desequilibrio visceralmente. Él siente la ausencia de tu presencia radiante, tu habilidad para atraerlo al momento con un toque, una mirada, una risa que vibra a través de su ser. Extraña la forma en que tu comprensión intuitiva podría calmar sus nervios sin una palabra. "Lo femenino", como escribe David Deida en "El camino del hombre superior", "es energía pura. Lo femenino es movimiento, caos, color y luz". Cuando estamos demasiado en nuestras cabezas, demasiado concentradas en el "hacer", atenuamos esa luz.

Pero aquí está la trampa: simplemente decirnos que "seamos más femeninas" a menudo resulta contraproducente. Puede parecer otra tarea, otra cosa en la que estamos fallando. Y eso es porque la verdadera energía femenina no se trata de actuar o perfeccionar. Se trata de permitir, recibir, ser.

Como dice Michaela Boehm, "lo femenino es la energía de la receptividad. Es lo que te permite sentir. Es lo que te permite ser tocada. Es lo que te permite estar presente". Es la energía que te permite fundirte en el abrazo de tu pareja, te permite respirar el dolor en lugar de luchar contra él, y confía en el desarrollo de la vida incluso cuando no puedes ver el siguiente paso.

Pero –y esto es crucial– acceder a esta feminidad divina no significa abandonar tus fortalezas masculinas. Se trata de bailar entre ambas, sabiendo cuándo liderar y cuándo seguir, cuándo actuar y cuándo ceder. Como dice Alison Armstrong, "lo femenino no es menos que lo masculino. Ninguno es mejor que el otro. Están diseñados para complementarse".

Así que cuando tu pareja te pida más de tu energía femenina, tómalo como una invitación a la plenitud. No se trata de ser una "mejor mujer". Se trata de integrar todas las partes de ti misma: la ejecutora impulsada y la receptora intuitiva, la guerrera y la diosa.

Aquí hay 3 maneras de comenzar a reclamar tu divina feminidad:

  1. Rituales lunares: Sincroniza con los ciclos lunares. En luna nueva, establece intenciones que se alineen con tus deseos más profundos. En luna llena, suelta lo que ya no te sirve bajo las estrellas. Deja que el flujo y reflujo de la luna te enseñe sobre el descanso y la acción, la rendición y la manifestación.
  2. Autocuidado Sensual: Disfruta de prácticas que despierten tus sentidos. Toma baños lujosos con aceites esenciales, date masajes eróticos, baila con música que mueva tus caderas. Como dice Regena Thomashauer: "El placer es el antídoto al estrés, el agobio y el estancamiento".
  3. Movimiento intuitivo: Olvídate de la coreografía. Pon música y deja que tu cuerpo te guíe. Sigue los impulsos: balancea, estira, pisa fuerte, gira. Tu cuerpo conoce la danza de la feminidad divina. Confía en su sabiduría. Como dice Marion Woodman: "El cuerpo es la copa del alma".

En mi curso, "Armonizando la polaridad para mujeres: un curso autoguiado para aprovechar tus energías femeninas y masculinas divinas en la relación", profundizamos en prácticas que te ayudan a encarnar este equilibrio.

Aprenderás a acceder a tu flujo femenino divino a través de rituales, movimiento y círculos de hermandad sin perder tu fuego masculino. Descubrirás cómo ser la mujer que puede cerrar tratos millonarios en la sala de juntas, luego volver a casa y derretir a tu pareja con una mirada que dice: "Estoy aquí, plenamente presente, lista para recibir tu amor".

Porque esa es la magia, amores. Cuando puedes bailar entre tus polos, te conviertes en una fuerza imparable de la naturaleza.

Ya no solo estás viviendo la vida, sino que la estás siendo, en toda su gloriosa y caótica magnificencia.

¿Y no es eso para lo que estamos todos aquí?

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